La Haftará de Parashat Jayé-Sara está tomada del capítulo inicial del Sefer Melajím, que habla de la enfermedad del rey David hacia el final de su vida y del fallido intento de su hijo, Adoniyahu, de apoderarse del trono. El primer versículo de este capítulo dice: «El rey David era viejo y avanzado en años; y aunque lo cubrieron con ropa, no sentía calor». Para ayudar a aliviar los escalofríos de David, sus sirvientes encuentran una chica atractiva que se queda con el rey para mantenerlo caliente.

Rashí cita dos puntos de vista del Midrash sobre por qué David sufrió esta dolencia. Según la segunda explicación, esta enfermedad resultó del incidente registrado en el capítulo final del Sefer Shemuel, donde D’s castiga a Bené Israel con una plaga devastadora a causa del censo ordenado por David. Como se describe en Sefer Shemot (30:11-16), los Bené Israel no pueden contarse directamente, sino a través del impuesto de medio siclo que pagan cada año. David violó esta ley y D’s castiga al pueblo con una plaga que mató a miles y amenazó con destruir también a Jerusalém. David pide compasión al ver al ángel destructor amenazando a Jerusalém, y D’s le ordena al ángel que se retire. El Midrash escribe que esta experiencia traumática dejó a David «frío», hasta el punto de que no podía sentir calor.

¿Por qué la visión del ángel afectaría a David de esta manera, que no podía calentarse?

Rab Eliyahu Mali (Yeshivat Ateret Kohanim en Jerusalén), en su obra «Orot Mi-Tziyon», ofrece una aproximación perspicaz a este Midrash y a todo este primer capítulo del Sefer Melajím. ¿Qué llevó a David a realizar un censo del pueblo y por qué D’s castigó al pueblo con tanta severidad? El Ralbag (Rabi Levi ben Guershón – 1288 -1344, Francia), en su comentario al Sefer Shemuel, explicó que el censo reflejaba la confianza de David en la mano de obra de su reino, socavando su sentido de dependencia de D’s. En una línea ligeramente diferente, el rabino Yosef Ibn Yejiyá, en su comentario al Sefer Dibré HaYamim, ve el censo como una expresión de arrogancia: «Cuando él [David] vio cómo triunfaba y reinaba sobre una gran nación, tanto en cantidad como en calidad – deseaba saber su número». David realiza este censo hacia el final de su reinado, después de una larga y espectacular carrera militar, habiendo triunfado sobre todos los enemigos de Israel, ampliado las fronteras del reino y establecido, de una vez por todas, la paz y la seguridad dentro del país. Fue por este sentimiento de orgullo y exceso de confianza por el que él –y toda la nación– fueron castigados.

Teniendo esto en cuenta, sugiere Rab Mali, tal vez podamos explicar la «frialdad» incurable que sufre David después de este incidente. Al ver la casi destrucción de su imperio como resultado de su preocupación por los logros militares, económicos y diplomáticos del país, David ya no puede concentrarse en las necesidades mundanas del reino. Los capítulos finales del Sefer Dibré HaYamim describo detalladamente los inagotables esfuerzos de David en sus últimos años preparándose para la construcción del Bet Ha-Mikdash, que ocurriría, por supuesto, poco después de su muerte. 

Estos capítulos contrastan marcadamente con el retrato del rey en nuestra Haftará, que lo describe como anciano, indefenso e incapacitado. En Dibré HaYamim, los últimos años de David están llenos de vigor y vitalidad, mientras prepara los materiales y los planos arquitectónicos para el Mikdash y organiza a la tribu de Leví en sus diversos turnos. Después de la experiencia de la plaga, David queda «congelado» con respecto a todas sus responsabilidades mundanas y las necesidades básicas de su reino. Después de haber sido declarado culpable de exceso de confianza en los logros materiales de la nación, el rey ahora se dirige al extremo opuesto, centrando sus energías exclusivamente en las necesidades espirituales del país, en particular el Beit Ha-Mikdash. 

De hecho, el Rambán escribe (Bemidbar 16:21) que la plaga que azotó a Am Israel durante la época de David sirvió como castigo no por el censo en sí, sino por su negligencia en la preparación de la construcción del Templo. Esta experiencia «congela» al rey David, quien ahora no puede concentrarse más que en las preocupaciones espirituales de la nación.

Sin embargo, al final de este capítulo, David ha recuperado algo de equilibrio. Al enterarse de la revuelta de Adoniyahu, logra superar su «período de frío» y proclama que Shelomó lo sucederá, asegurando así la transferencia fluida del poder y allanando el camino para el período glorioso que disfrutarán los Bené Israel durante la época de Shelomó.

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