“Lulé Torateja sha’ashuái…”

“Y cuando Moshé refirió todas estas palabras a todos los Hijos de Israel, el pueblo se afligió en
demasía y estuvieron de duelo…”.
Versículo significativo en nuestra perashá semanal. Los emisarios reunidos en una decena habían
logrado su cometido. Hacer de la noche de su regreso, un tiempo de duelo y aflicción. No en
vano, la tradición rabínica indica que esa noche, la del retorno tras explorar la tierra fue
precisamente la del 9 de Av. La emoción llevó a la conmoción. Y la elocuencia de sus voces,
generó el más profundo y agudo de los silencios…

Sólo D’s habló. Y Sus palabras fueron veredicto. Para toda una generación. Y para el líder de la
misma –Moshé Rabenu- también. La Divinidad no volvió a dirigirse a Moshé sino sólo para
directrices absolutamente indispensables, pero no hubo ninguna otra revelación…Y este largo
período se extendió hasta el último 9 de Av de la travesía del desierto.
Había motivos ciertos para el duelo. “Vait-abelú ha-am meod” relata el versículo. Un duelo
significativo. Para Unkelus, traductor arameo de la Torá, el término que señala ‘lo mucho’ lo
expresa como ‘Lajadá’…Expresión que lo dice todo: por un lado, lo cuantitativo (mucho), pero
por sobre todo, resume lo cualitativo: ‘como una sola persona…’. El duelo de todos como el
duelo de uno. Expresión singular para una sensación multitudinaria. Todo el dolor, toda la
consternación.

Se iniciaría una época de silencios. La comunicación habría de cesar. ¿Cómo será a partir de
ahora el vínculo? ¿Cómo restituirlo? ¿Cómo enhebrar o volver a suturar las profundas heridas del
tejido conectivo espiritual en el seno del pueblo de Israel?
Es vedad querido lector. Demasiadas incertidumbres para una sola certeza: toda una generación
que no habría de entrar a la tierra soñada y prometida.
“…Mas en cuanto a vuestros pequeñitos, de los cuales dijisteis que iban a ser en vano, a éstos
introduciré y ellos conocerán la tierra que vosotros habréis despreciado”.
En medio del duelo, asoma sin embargo, una luz. Aún para aquellos padres que sostuvieron que
el desierto sería la sepultura para sus hijos, el porvenir les depararía otra realidad. Los pequeños
serán por miles, al decir del profeta en el futuro. “Ha-katón ihié le-elef…”. El futuro parece
rediseñarse. Pero quedan por delante 40 largos años. “Hasta que se termine toda aquella
generación”. Una generación de conocimiento –“Dor deá”- como fue definida por los sabios. La
vida de ellos concluirá en las arenas silenciosas del desierto, pero no ellos. Ni su saber. Ni sus
palabras…
El último capítulo de nuestra perashá nos corre el telón del escenario futuro. Nos acerca tal vez
el bálsamo reparador que pueda –una vez más- ‘acercar a las partes’. La fractura estimado lector
no la produjo el ‘becerro de oro’. El verdadero precipicio se creó cuando “despreciaron la tierra
bella”…Curioso pero real.
Usted tal vez esperaba que la idolatría hubiese sido razón suficiente para descartar a toda una
nación… “No tendrás otros dioses delante de Mí” todavía resonaba en el campamento hebreo.
Pero no. La idolatría puede ser combatida. Porque para ello se educa. Se hace crecer al
individuo y más tarde a su sociedad al amparo de la fe. Una fe que destila verdad… ‘Emet ve-
Emuná’ caminan de la mano por el desierto. Y son necesarias para ‘todo camino’ en todas las
épocas. Si es que queremos dejar de ser idólatras definitivamente…
Pero la tierra… ¡Ay la tierra! ¿Cómo despreciarla? ¿Cómo desechar un regalo? ¿Cómo no ser
depositarios de aquella promesa? “En este desierto caerán vuestros cuerpos sin
vida…Ciertamente que no entraréis en la tierra, respecto la cual Juramenté para hacerlos habitar
en ella…”. Elocuentes versículos de una perashá cuyo eco retumba hasta nuestros días. Haber
desestimado la tierra es haber sellado su propio destino. Es, tal vez, sin ir más lejos, el haber
perdido definitivamente la autoestima…
El último capítulo de nuestra perashá nos corre el telón del escenario futuro decíamos. Y las
palabras vuelven a ser simples. Y conocidas. “Vaidaber HaShem el Moshé leemor…” –‘Habló
HaShem a Moshé diciendo…’. ¿Qué tiene esto de nuevo se peguntará con razón? ¡Toda la Torá es
así!
Sin embargo para los sabios del Midrash Taná de-Bé Eliahu, la cuestión es siempre nueva:
‘…Cuando el pueblo inició el duelo, D’s Le dijo a Moshé: “¡Ve y consuela a esas pobres gentes!”
–Amo del Universo, respondió él, ¿cómo les consolaré? – Consuélalos con la enseñanza de la
Torá…”.
Restablecer el vínculo a partir de un vaso comunicante. Lo que queda. Lo que perdura. Lo que
supera cuanta crisis se interponga en la vida, individual y colectiva. “Dibréi Torá”…
La enseñanza que toma parte ahora, es futuro. La única forma de poder superar un presente que
no se continúa. “Habla a los Hijos de Israel y diles: Cuando hubiereis entrado en la tierra de
vuestras oradas que Os voy a dar…”. Nada más significativo.

Y aquí se encomendará al pueblo acerca de la confección de sacrificios –korbanot- ligados a esa
llegada…Ofrendas de carne, más ofrendas vegetales, más la libación del vino.
El autor de ‘La Voz de la Torá’ lo deja en claro: ‘…Pero, ¿qué relación existe entre este Debar Torá
con el contenido de este capítulo? Aparece en este versículo de Kohelet (9:7): “Sigue tu camino,
come tu pan con alegría y bebe tu vino con corazón alegre, porque D’s ha aceptado ya tus obras”.
Se interpreta así: “Come tu pan con alegría”, corresponde a las prescripción de la Jaláh (ofrendas
vegetales); “y bebe tu vino con corazón alegre” se refiere al mandamiento de las libaciones del
vino (Nesajím); “porque D’s ha aceptado ya tus obras” es decir, en tu entrada al país de Kená’an.
Esta era una alusión a los hijos de esta generación de que entrarían a Kená’an sin otro
contratiempo…’.
“Lulé Torateja sha’ashuái…” cantaba David el rey. ‘De no ser por Tu Torá, mi regocijo y bienestar
plenos…’.

¡¡Shabat shalom umeboraj!

Mordejai Maarabi

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